La intensidad de nuestras emociones

En mi consulta a menudo me encuentro con pacientes que tienen como objetivo trabajar su conciencia y expresividad emocional, es decir, ser conscientes de sus emociones, identificarlas correctamente y saber expresarlas de una forma adecuada. Me refiero tanto a las personas que no saben cómo expresarse o reprimen sus emociones como a las personas que expresan sus emociones exageradamente, ya que tanto unos como otros se encuentran con problemas en su día a día. En el siguiente artículo, me gustaría hablar del segundo tipo de personas, las que expresan intensamente sus emociones.

Las emociones que sentimos son desencadenadas por estímulos externos como situaciones, objetos o personas o por estímulos internos como pensamientos o recuerdos. Sin embargo, la intensidad de nuestras emociones estará determinada por la valoración que hagamos de estos estímulos, es decir, por la importancia que les demos. ¿Te has planteado alguna vez si tus respuestas emocionales son exageradas en relación a los estímulos que las desencadenan?

Para saber si acostumbras a reaccionar con una elevada intensidad emocional, te invito a recordar una situación que hayas vivido recientemente en la que hayas experimentado alguna emoción agradable o desagradable y que respondas a las siguientes preguntas:

  • ¿De qué situación se trata? Intenta recordar qué es lo que sucedió.
  • ¿Cuál fue la causa? ¿Qué fue lo que desencadenó tu respuesta emocional?
  • ¿De qué forma te ha afectado?:
  • ¿Qué pensamientos has tenido?
  • ¿Cómo te ha afectado a nivel físico?
  • ¿Qué comportamiento has mostrado o que acciones has llevado a cabo debido a la emoción que has sentido?
  • ¿Qué consecuencias has tenido tu y los demás?

 Una vez analizada tu situación, ¿crees que la intensidad emocional expresada ha sido adecuada? Si tu respuesta es no, sigue leyendo para descubrir una sencilla estrategia que puedes poner en práctica para reaccionar de una forma más adecuada.

 Expresar nuestras emociones, tanto las agradables como las desagradables, tiene muchas ventajas y es positivo tanto para nosotros como para las personas que nos rodean. Expresar nuestras emociones nos permite comunicarnos con los demás y personalmente aprendemos a identificar qué nos pasa y a conocernos mejor. Sin embargo, una expresión desproporcionada de nuestras emociones puede conllevarnos problemas a nivel personal, por ejemplo cuando nos dejamos arrastrar por las emociones y nos sentimos mal demasiado tiempo, o afectarnos a las relaciones con los demás, por ejemplo cuando damos demasiada importancia a los errores que otros han cometido y la discusión que tenemos se convierte en un problema mayor del error en si.

 Si te has sentido identificado con los ejemplos que acabo de describir puedes entrenar una expresividad emocional más adecuada poniendo en práctica la siguiente estrategia:

  1. Imagina tu intensidad emocional representada en un termómetro, como si quisieras medir hasta qué grado aumenta tu intensidad.
  2. Ahora, rebaja tu intensidad habitual 3 puntos e intenta actuar según esta nueva intensidad (más reducida).
  3. Reflexiona: ¿Has actuado del mismo modo que lo hacías antes? ¿Qué puede ayudarte a disminuir esta intensidad emocional (nuevos pensamientos, quitar importancia…)?

 

Anna Vives Navarro

Psicóloga y psicoterapeuta

 

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